I Didn’t Even Know the Word ‘Drawing'

Ni siquiera sabía la palabra "dibujo"

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La cineasta Emilia Anderson reflexiona sobre su entrevista con la pintora Virginia Castillo, cuya obra encuentra la intimidad, la identidad y la belleza en las texturas de la vida caribeña cotidiana. La versión en Español de este artículo se puede encontrar en el substack de Mia Anderson.

Puedes ver el cortometraje aquí.

Virginia Castillo y el arte de la vida cotidiana en el Caribe

Por Emilia (Mia) Anderson

En una ciudad y un país conocido sobre todo por sus peligros, la pintora hondureña Virginia Castillo elige ver su entorno a través de una lente de inspiración en lugar de centrarse en la precariedad. Tuve la oportunidad de entrevistar a la artista en la acogedora terraza trasera de su casa, en el barrio de Toronjal de la ciudad de La Ceiba, que también es mi ciudad natal en la costa norte de Honduras. La entrevista fue parte de mi investigación para un cortometraje documental que dirigí, encargado por la Galería Waves of Art en Roatán y la Municipalidad de La Ceiba. Como buenas ceibeñas, Virginia y yo nos comunicamos en una mezcla de español e inglés costeño, y el resultado fue un relato inolvidable de la vida, el arte y la belleza en nuestro rincón del mundo.

Obra de Virginia Castillo

Comencé preguntándole cómo encuentra la inspiración, y Virginia recurrió a una anécdota reciente de su vida cotidiana: “Me dijeron, ‘¡te van a robar! [en el autobús],’ pero me subí de todos modos. El autobús pasó por un lugar llamado El Búfalo, creo; ¿y qué vi? La vida diaria de seres humanos normales: mujeres lavando ropa, mujeres comprando plátanos verdes, […] pollos. Pasamos el antiguo hospital y unas quince jóvenes bien vestidas de la escuela de enfermería se subieron. Se bajaron una por una en sus paradas. Nadie parecía terriblemente preocupado por ser robado.”

Hija de padre ceibeño y madre inmigrante con raíces jamaicanas y caimanesas, la identidad cultural de Virginia (o “Virgie,” como la llaman sus seres queridos angloparlantes) está moldeada por este cruce distintivamente caribeño que es tan característico, pero tan rara vez mencionado en nuestra región. Sus pinturas representan escenas domésticas, cuerpos en reposo, gestos mínimos y espacios que no buscan destacar, pero que encierran una intimidad profundamente reconocible para aquellos de nosotros que crecimos en el Caribe.

Obra de Virginia Castillo

Pasó sus primeros años entre La Ceiba y Roatán y me cuenta cómo pasó sus veinte años en la pequeña isla de Santa Helena, que sirvió como puerto de desembarco para todo tipo de personalidades marineras. “Es increíble cómo llegaba gente de todas partes del mundo. Ni siquiera estoy hablando de barcos, la gente aparecía en cualquier cosa que pudiera flotar.”

Obra de Virginia Castillo

“No tengo nada en contra del arte académico, pero a veces veo pinturas [de hondureños] inspiradas en una calle de París. ¿Por qué? Honduras tiene mucho que ofrecer a todo tipo de arte. Todo lo que tienes que hacer es absorber la vida diaria de un hondureño promedio para inspirarte.”

Virgie no solo evitó la escuela de arte, sino que tampoco posee ningún tipo de título académico formal. Su aprendizaje ha sido intuitivo, persistente y profundamente ligado a la observación de su entorno. En un contexto donde la validación a menudo proviene de instituciones externas, su trayectoria desafía las ideas tradicionales de formación, legitimidad y éxito artístico. “Pasé segundo grado… ¡apenas!” dice, riendo.

A pesar de su falta de educación convencional, Virginia es una excepción a la norma de que las oportunidades para dedicarse al arte profesionalmente son escasas en el Caribe hondureño. “No sé por qué, pero siempre estuve dibujando aunque ni siquiera conocía la palabra ‘dibujar’; le llamábamos ‘imprimir’.”

Más allá de su talento artístico, también ha sido un ejemplo de emprendimiento, siendo una de las pocas artistas de la región que realmente se gana la vida como pintora. Sin embargo, explica que su éxito no está exento de complejidad, ya que sus compradores son casi exclusivamente turistas extranjeros o individuos relativamente adinerados. Sus piezas se venden a precios altos, algo que ella misma reconoce como paradójico.

Esta contradicción estructural se repite una y otra vez en la historia de la economía caribeña, donde la cultura local se convierte en una atracción turística o, en el caso de la pintura, en un bien de exportación que rara vez circula dentro de la misma comunidad que la inspira.

Más allá de mantenerse optimista, Virgie insiste: “Sé que hay crimen en Honduras […] lo he tenido que vivir […] pero eso no significa que voy a cerrar mis ojos y mi mente […] a la belleza que veo a mi alrededor.” A través del lenguaje caribeño de su obra, siento que Virginia nos ha ayudado a comprender que para sobrevivir al melodrama inevitable de la vida cotidiana, quizás no sea necesario escapar de la realidad, sino más bien, dentro de esa realidad, elegir qué y cómo vemos lo que ya está allí.

Sobre la escritora y cineasta

Emilia Anderson es una escritora y cineasta de La Ceiba, Honduras. Con una licenciatura en dirección de cine de ficción de la EICTV, Cuba, y una formación en estudios cinematográficos, su trabajo se centra en contar historias desconocidas pero inspiradoras de la Honduras contemporánea.

 

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Averyl Morris
Averyl Morris

Virgi is a brilliant artist and a wonderful friend . I’m blessed to own some of her pieces … everyone should ! Great article Mia ! Thank you

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